En lo que podía controlar de un celo, me acorraló el boquete en la medianera de tu voz y yo, en la noche del capitán.
Quedaron incrustados mis dedos en mi boca para que no soltara lo que veía.
Pero en un oscuro viaje con los pies en punta, esquivando un girasol, el alrededor quedó tieso y ensordecieron mis oídos con el relampaguear de las luces que te enfocan y me enfocan, encegueciéndonos más de lo que podemos murmurar.
Sin embargo hoy, no sé si verte me hará algo, entonándome en los tragos de la noche de los demás. Porque mi noche te espera.
Podré imaginarme, solo imaginarme y más no podré hacer.
Cuando sorteando caminos me encuentres, desvariado y lleno de polvo como yo;
tararearemos juntos aquellas lágrimas que me prometiste.
Ese jueves cayó al piso con un dolor intestinal, dándole paso al viernes.
Porque el domingo vendrás, ¿no?
Entonces no hay Pablos ni mañanitas,
solo tu nombre en cada noche inolvidable,
ésa que lograste desplazando a ése sol que se dormía,
para que la luna
se vuelva a enamorar.
Quedaron incrustados mis dedos en mi boca para que no soltara lo que veía.
Pero en un oscuro viaje con los pies en punta, esquivando un girasol, el alrededor quedó tieso y ensordecieron mis oídos con el relampaguear de las luces que te enfocan y me enfocan, encegueciéndonos más de lo que podemos murmurar.

Sin embargo hoy, no sé si verte me hará algo, entonándome en los tragos de la noche de los demás. Porque mi noche te espera.
Podré imaginarme, solo imaginarme y más no podré hacer.
Cuando sorteando caminos me encuentres, desvariado y lleno de polvo como yo;
tararearemos juntos aquellas lágrimas que me prometiste.
Ese jueves cayó al piso con un dolor intestinal, dándole paso al viernes.
Porque el domingo vendrás, ¿no?
Entonces no hay Pablos ni mañanitas,
solo tu nombre en cada noche inolvidable,
ésa que lograste desplazando a ése sol que se dormía,
para que la luna
se vuelva a enamorar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario