lunes, 14 de enero de 2008

Devoción

Se regocija mi voz al nombrarte
Cuando a cada instante te recuerda mi piel.
Apago temblorosa la luz que me brindaste
Para cuando no alumbre más el sol en el clavel.
Tendré presente los momentos que hemos vividos
Para marchar con libertad por los caminos.
Llevaré los tejidos que han enredado al amor
Para que quede atrapado el dolor en sus hilos.
Y el eterno silbido de una bella canción
Que aún así me entristece.
Regando la flor por donde crece
O llevándola en el corazón.
La que nunca marchita,
La de una tarde sin sol.
Vivo mi vida deseando encontrar un amor como vos
Dejando la historia en los brazos
Sacando las piedras por donde voy
Limpiando los cielos que oscurecen
El aire se inhala mejor.
El llamado de los trenes
Aceleran mis pasos
Y no siento que todo lo perdí
Solo La nostalgia me aprieta los labios
Con el aroma fresco de jazmín.
Y en las noches cuando el cielo dilate de estrellas
Y se desprendan para mí,
Pediré como pedí algún día que me amaras.
Y cuando vea que mis manos envejezcan del recuerdo
Volveré a buscarte donde aclama tu voz mi presencia,
Y si solo hay vacíos y ausencias
Bajaré la mirada y me iré con la memoria
Que no se olvida de ti.

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